ISRAEL & MOHAMED

Como su nombre lo sugiere, este espectáculo se presenta como una promesa que parece imposible. Y, sin embargo, no es tan difícil como lo fue, para Israel y Mohamed, aprender a negociar con sus padres. Ambos, alimentados por una espiritualidad y una cultura profundamente arraigadas, tomaron caminos laterales. En esos viajes paralelos, Israel y Mohamed descubrieron que son mucho más parecidos de lo que pensaban; casi primos hermanos. Han atravesado tradiciones similares en sus familias de origen, pero también una búsqueda de sí mismos a través del cuerpo —y, a veces, incluso a través de lesiones de ligamentos cruzados. Supieron aprovechar al máximo esa educación para convertirse, cada uno (tras haber jugado al fútbol en el Betis, el Sevilla y el PSG), en artistas libres y felices. Felices, no tenemos ninguna duda. Libres, sí, pero como chicos de 15 años: todavía se esconden para fumar. No les cuentan toda la verdad a sus padres, por miedo a decepcionarlos, a una edad en la que ya deberían estar libres de convenciones familiares. Hacen danza, teatro, aunque los padres de Mohamed siempre quisieron que su hijo tuviera un “trabajo de verdad”, y los de Israel, que él bailara como ellos. Juntos, aprovechan este espectáculo para decirles públicamente a sus padres que los aman, pero que tal vez les gustaría que, cuando los vecinos les preguntan: “¿Qué hace tu hijo?”, ellos puedan decir la verdad. Israel y Mohamed repasan así su formación, sus archivos familiares y el modo en que aprendieron a dedicarse al arte con padres omnipresentes. Han sobrevivido a la familia, y ahora forman parte de la familia del arte. Aprender a vivir es, en definitiva, un trabajo que nunca se detiene.

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